El universo
sin duda
está
en la mente,
sólo
con Dios
ese misterio
se entiende.
El misterio
son sus ojos
al contemplar la luz
o al adentrarme
ante la oscuridad
que en la noche
descubro en mi rostro
con sueños de luz,
ese es el misterio
en el que se encuentra
mi alma, atrapada
por el fervor piadoso
cuando mi oración
es, Jesús,
que mana de la oscuridad
de un único pensamiento
que me conmueve
con la emotividad
de un sentimiento
con el que poder rezar
y orientar mi actitud,
que cuanto más oscuro
es lo que siento
con más luz
se vuelve en lo cierto
y me descubre solo
ante un silencio
sin reparar
ante mi pronta
inquietud.
La verdad
es
poderosa,
reside en el amor
y sólo con verdad
Dios
la otorga.
Lo inconcebible
para la mente humana
es la locura
de un pensamiento
que lo conmueve
Dios
con su silencio,
que ante mis ojos
suscita
una profunda
reflexión
en cada encuentro,
que constituye
la iluminación
en mi razonamiento,
con el que concibo
la transparencia
de mi liberación
en su silencio,
en un estado
que con la mirada
dirijo
con observación
en cada reflejo,
con el que percibo
el magnetismo
de su ser,
que entiendo
al poder ver
desde su vacío
mi pensamiento,
con el que
se abre en mí
su silencio,
sin interponer
resistencia
a la locura,
que con meditación
inspira en mí
cada respuesta,
solo
ante la intensidad
con la que
el silencio oculta
en mi intuición,
la oscuridad
que me revela.
Comprendo
y me comprendo,
puedo quererme
porque me quiero
con lo que tengo
y lo que no,
no lo codicio
por tenerlo,
lo que he
de poseer y tener
quizás
ya lo tengo,
porque en mi interior
primero está
lo que siento.
No quiero
que el deseo
me posea,
prefiero poseer
todo deseo,
no quiero
que las palabras
me ahoguen
en el silencio,
prefiero
ser dueño
a lo que
con las palabras
entiendo
¡y sueño!,
porque de los sueños
parte mi silencio
que con las palabras
alcanzo
con lo que siento
para ser dueño.
Dios me abraza
con su silencio
en espíritu...
está en mi mente,
es la luz
que conmueve
mi quietud
ante lo presente,
el espacio
en el que permanece
su libre oscilación
en un tiempo
que me detiene,
en un solo
pensamiento
en el que soy
del mundo
ausente,
volviéndose
como en transparencia
reflejo
de toda mi visión,
de lo que soy,
de lo que siento,
de lo que soy
consciente,
es sin duda
mi iluminación,
el espectro
que ante mis ojos
es invisible,
pero poderosamente
elocuente.