El silencio conmueve
sólo con pensar,
es como una oración
que todavía
no está escrita
a través
de la relajación
espiritual,
que me sugiere
el tiempo relativo
al espacio
en el que soy origen
al sentido a idealizar,
la oscura abstracción
por la que me inclino
que alcanza
la acción física
con la que el verso
es existencial,
que me conmueve
por su condición
manifiesta
de ser original,
a la expresión
con la que
dar respuesta
a la experiencia
que con cada
oportuna inspiración
puedo y quiero lograr,
la precisa intención
que me seduce
intuitivamente
en mi equilibrio interior
con lo que soy, cabal,
en lo que no siempre
me resulta sencillo
hallar la dimensión
de lo que observo
respecto a la realidad,
sólo la de cada momento
que tiene su propia lógica
en mi inquietud
emocional,
entro en un trance
en la observación
que me impulsa
al razonamiento,
a la relajada distracción
de la conversación
con mi yo interno
que me produce
la satisfacción
de ser singular,
en la consumada oración
que la existencia
me revela
en mi espacio tiempo,
qué menos precio
puede dar
el entorno
en el que acometemos
nuestra vida real,
se mueve en dos espacios
el exterior y el interno;
si acaso experimento
la soledad
o el desasosiego
de seres externos,
cada vez soy capaz
antes de olvidar,
de evitar y propiciar,
mi estancia fraternal
a la que el silencio
me empatiza al lograr
la belleza
de otros momentos,
en los que yo me guardo
para confraternizar.